En 2000, el artista Àngel Jové (Lleida, 1940 – Girona, 2023) se cierra, solo, en el Depósito del Agua de Lleida. Escondido en este sótano, como si el arte volviera a la catacumba, y con la idea de hacer una exposición (que, de hecho, nunca se llegó a realizar) esparce obras suyas por el suelo, en los muros o entre columnas y las documenta fotográficamente. Es un ejercicio de profanación que confronta el espacio con el vacío que esconde el espacio.

La imposición es una catedral abandonada de donde el agua se resiste a marchar del todo. Los objetos que el artista dispone (botellas de agua retorcidas, cadáver de guineru, silla en llamas, ropa, arenques, cuadros monócromos…) no hacen más que subrayar estos vacíos. En las fotografías que Jové revela cada día frenéticamente, en total más de mil, siempre sale la misma cosa: nada.
La cámara documenta tozudamente este res. Las instantáneas manifiestan sombras de las sombras, imágenes que se desvanecen con algún reflejo inesperado de vez en cuando. De hecho, la mirada si lo es de verdad, es inevitablemente turbia, difusa y algo borrada. O, como Àngel Jové escribe en una de las paredes del depósito: «para siempre, los ojos oscuros»
En 2000, el artista Àngel Jové (Lleida, 1940 – Girona, 2023) se cierra, solo, en el Depósito del Agua de Lleida. Escondido en este sótano, como si el arte volviera a la catacumba, y con la idea de hacer una exposición (que, de hecho, nunca se llegó a realizar) esparce obras suyas por el suelo, en los muros o entre columnas y las documenta fotográficamente. Es un ejercicio de profanación que confronta el espacio con el vacío que esconde el espacio.

La imposición es una catedral abandonada de donde el agua se resiste a marchar del todo. Los objetos que el artista dispone (botellas de agua retorcidas, cadáver de guineru, silla en llamas, ropa, arenques, cuadros monócromos…) no hacen más que subrayar estos vacíos. En las fotografías que Jové revela cada día frenéticamente, en total más de mil, siempre sale la misma cosa: nada.
La cámara documenta tozudamente este res. Las instantáneas manifiestan sombras de las sombras, imágenes que se desvanecen con algún reflejo inesperado de vez en cuando. De hecho, la mirada si lo es de verdad, es inevitablemente turbia, difusa y algo borrada. O, como Àngel Jové escribe en una de las paredes del depósito: «para siempre, los ojos oscuros»
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